U2 silencia a sus detractores con el grito unánime de sus fieles

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El segundo concierto de Madrid, visto a 5 metros de la banda

La principal novedad: una colosal versión de su clásico Spanish eyes

Abordamos hoy la crónica del concierto de U2 en Madrid. Concretamente, el del viernes 21 de septiembre de 2018. Desgañitado me hallo.

Si te digo, así, de sopetón, que Bono cumplió el pasado 10 de mayo 58 años y que sus compañeros en uno de los grupos en activo más influyentes de la historia del rock y el pop le van a la zaga… ¿cómo te quedas?

Todo llega, y todo pasa… que dijo una paisana mía.

Y si te digo que el concierto con el que han cerrado su paso por Madrid, en el marco de la gira iNNOCENCE + eXPERIENCE Tour, es (junto con el que dieron el dia anterior), lo mejor que se ha podido ver en un escenario español durante este 2018, ¿me crees?

Pues deberías hacerlo. Lo primero, por cómo trabajan estos ¿muchachos? cada uno de sus espectáculos. Aquí, allá, arriba, abajo. Ahora en este escenario, ahora en el otro. Que si te lanzo una bombilla, que si me pones una ración de realidad aumentada… Apabullante.

Ahora bien, dicho esto, y con el ajuste inicial de sonido (que fue necesario), sí es bueno plantearse alguna pregunta.

La primera que surge es: ¿por qué sólo dieron dos conciertos en España para poco más de 15.000 personas cada uno, en el Wizink Center de Madrid? La respuesta, es sencilla: porque, pese a que pueden llenar estadios (en el Bernabéu, en 1987, hubo -según unas crónicas, otras dicen otra cosa- 115.000 almas), la banda apuesta por la seguridad desde su anterior gira, y prefiere este formato, al menos en la gira europea. Dos conciertos, más trabajo… pero más tranquilidad también.

Lo cierto es que, con un mayor aforo, se habrían evitado problemas como los que se sucedieron en febrero, con la puesta cuasi inmediata de entradas en portales de segunda mano, y la consiguiente reventa. Pero así se han resuelto otros, también el logístico.

Otra pregunta: ¿se cansaron tanto del Joshua tree en la anterior gira para descartar clásicos populares como With or without you o Where the streets have no name? La respuesta la tienes en esta modesta crónica.

El espectáculo, impactante, pese a sus 135 minutos, resulta ágil y rubrica el reinado de los irlandeses en el show business actual

Inquietante inicio de espectáculo

Este viernes también hubo que esperar, como en la primera parada de la gira en tierras españolas. Fueron 26 minutos los que tardaron en calentar motores Bono y sus muchachos. Pero hay esperas que no desesperan si se toman con humor.

La introducción sirvió para romper el cascarón, a partir de dos temas, It’s a beautiful world, de la banda de Noel Galaguer, ya sabéis, el compositor más importante de los 90, con Oasis. Y a renglón seguido sonaba el colosal tramo inicial de Zooropa. Ya sabéis, el que precedía al Vorsprung durch Technik. Y vuelve a resonar el sample que dice I’m sorry previo al inicio del show, que también podía escucharse en la gira de su anterior trabajo.

Rayas van sembrándose en el pantallón que divide, inicialmente en dos, el campo de juego, que permite una vista privilegiada, y que es la pista. ¡Y comienza el espectáculo!

Inicio del concierto

La función social de U2 enciende las luces a las primeras de cambio. Surgen imágenes como Berlín, en 1946; Colonia, un año antes; París, en 1944; Madrid, en 1936; Copenhage; Hamburgo; Amsterdam; LisboaMilán. Devastación física propiciada por la avidez humana… De fondo, la arenga que Chaplin echa mano de manual y el gran cómico Charles Chaplin emerge en pantalla. Lo hace en una de las escenas más recordadas de El gran dictador, que recuerda que el poder debe anidar en el pueblo. Sin la maldita demagogia. El texto, que puedes rastear en internet (aunque ya te lo facilito yo), debería hacernos pensar, mucho, a todos.

Alusiones ya clásicas al presidente estadounidense Donald Trump o al dictador norcoreano Kim Jong-Un, sin olvidar, claro está al mandatario ruso Vladimir Putin. Clásicos modernos, y no precisamente de la concordia.

¡Y arranca lo bueno!

Emerge la banda desde dentro del pantallón -ya os explicamos las características del mismo en la guía del concierto– (sólo os recordaré que el peso sostenido desde el techo del Wizink Center rondaba los 80.000 kilos…

Y comienza a sonar The Blackout, el que fuera segundo sencillo del último disco de los irlandeses (lanzado el 6 de septiembre de 2017), que, pese a quien le pese, llegó a ser número 1 del Billboard americano. Hablo del disco en su conjunto.

La espera se hizo llevadera y tras ese arreón inical, siguió otra canción del disco Songs of Experience, Lights of home.

El impresionante staff hace posible florituras con la pantalla, que sube, baja… se inclina. Woa…

Y así, el idilio con Madrid, se confirmó, tras trece años en los que -mediado un sincero enamoramiento con Barcelona, como han demostrado otros artistas (como Ed Sheeran) con la capital catalana- la banda regresó. Y de qué manera. 

Dicho sea que una cosa es compatible con la otra. La de estos amoríos, digo.

I will follow

El clásico más clásico de U2, a día de hoy, es éste de 1980, que apareció en el álbum Boy y que fue un auténtico revolcón de adrenalina, que perdura, casi cuarenta años después. Increíble sonido y la animación del público en torno al tema. Primer levantamiento de brazos de la noche, supervisado por Bono Vox, por suerte para el entorno, aún con un ambiente respirable.

Vaya tela el calor que volvió a hacer anoche.

Había temor -como en los días previos- por las cuerdas vocales de Bono, pero las tablas que dan tantos años encima del escenario, permitieron que, en caso de duda, el artista también llamado Paul Hewson bajara pistones y dejara sonar a la música. Y la cosa funcionó.

Esa tensión la vivimos porque estamos en una época del hipertodo. Que se lo cuenten a los que fueron a ver a Bon Jovi hace años en Madrid y cortó a las primeras de cambio por la alergia, ¿eh, amigo? 

All because of you, del How to dismantle an atomic bomb, volvía al repertorio de la banda tras mucho tiempo en el cajón de los descartes. Si bien, no fue el tema más aplaudido. Sí es de los preferidos el que vino después, Beautiful Day que, si hacemos caso al Spotify -por ejemplo- es uno de los más escuchados de la banda irlandesa.

Edge y Bono de espaldas

De Madrid al cielo

Ahí Bono se creció un poco y echó mano al manual de pregonero (you know), y lanzó el dicho popular “De Madrid al cielo” para recordar los bonitos cielos españoles a continuación. A renglón seguido retomó el discurso del día anterior -según las crónicas, claro- y señaló que eran cuatro tipos ordinarios a los que la música y la audiencia les habían dado mucho… Y tal.

The Ocean y Iris (Hold me close) fueron los siguientes temas en salir a escena. Este último está dedicado a la madre de Bono. La familia, querido amigo, es algo muy importante para el líder. Y así quedó plasmado en una canción -a mi entender- muchísimo mejor, dedicada a su padre, Sometimes you can’t make it on your own que se echa de menos en el repertorio. Grandísima…

mensaje inocencia

Bono, en la calle

En la pantalla se sucedieron imágenes hogareñas, la de la boda de sus padres… devorada por el tiempo. Y tras ello, llegamos a Cedarwood road. La calle donde pasó su infancia Bono (en el número 10, concretamente) y donde convivió con su padre Robert, su madre Iris Elisabeth y su hermano Norman.

Como en la gira de Songs of Innocence, Bono transita por el pantallón, como si caminara por su calle y los laterales del recinto (hablo del Wizink Center, en este caso) ven ese efecto que, por la posición en la que me encontraba, por ejemplo, yo apenas pude distinguir.

Cada lugar en el aforo tuvo su magia…

Bowie en Cedarwood

Símbolos católicos, así como cervezas, botas -los U2 crecieron en la música con aquellos momentos de eclosión del punk y lo que vino después-, Bowie… iconos de una época. Para ellos.

Sunday Bloody Sunday

Pero si de iconos queréis que hablemos, pase el tiempo que pase, Sunday Bloody Sunday. Su interpretación es siempre un momento reivindicativo para la banda, gira tras gira. Y a la reivindicación, este año, se sumó la puesta en escena apoteósica. Con los cuatro componentes de la banda atravesando el pantallón de un lado para el otro, con el consiguiente disfrute de quienes estábamos al lado. En pista, en nuestro caso, con una entrada de 84 euros. Sólo por eso, el desembolso habría merecido la pena. Pero hubo mucho más. Muchíiiiisimo más.

Esta versión acústica del mejor tema de War (¡y mira que tiene!) fue uno de los más aplaudidos. ¿Que por qué? La banda tira del carro como nadie, aunque los años no pasan en balde. No se me enfade un alma, pero Larry Mullen Jr. en su silencio vital, por momentos, se da a un aire a un actor secundario de una peli de Woody Allen. Mientras que Clayton no disimula -ni falta que le hace- esa mala vista que siempre le ha acompañado. Como muchos de nosotros preserva -a mucha honra- la mirada de miope que, por su parte, no se atisba en un The Edge que, a simple vista, parece ser quien mejor mantiene el tipo en la banda.

Escenario E-Stage

Panfletos al aire

Como había tres escenarios (o eso nos creíamos), tras pasar por la pasarela, los integrantes de U2 paran en el segundo, más al norte, y desde allí recuerda Bono los problemas vividos con Irlanda del Norte y cómo afectaron las bombas, la propaganda. No por ese orden: primero, la propaganda; luego, las bombas.

Y, como si de una frase hermenéutica se tratara, otro clásico llega a escena: Until the end of the world. Otra maravilla de su mejor disco (al menos para mí), Atchung Baby que, ojalá algún día se empeñaran en superar.

Comic Edge

Marejada. Y con ella aparece en pantalla un comic sobre las vivencias de los componentes de la banda y sus avatares, mientras, de fondo, suena una versión de la canción Hold me, thrill me, kiss me, kill me, que allá por 1995 fue parte relevante en la película Batman Forever. Qué tiempos…

Tras esto, la escena se mueve al e-Stage, donde cobra vida Elevation, que formara parte del All that you can’t leave behind y que acompañó a Angelina Jolie en una aventura de la famosa Lara Croft. Un tema para corear en estadios, para agitar conciertos, como también fue Vertigo.

Ésta, de hecho, es una de las canciones más queridas por el público que no sigue habitualmente a U2. La coña marinera es que, durante los días previos al concierto el saludo habitual al teléfono, os podéis imaginar cuál era… Hello, Hello… ¡Hola!

Aplausos, saltos, sudor a raudales ya en este tramo del concierto… Un seguro de vida, vamos.

Cobra vida MacPhisto, aquel personaje diabólico que tanto dio a Bono en sus espectáculos allá por mediados de los 90 y un poco antes. Pero, en esta ocasión, a través de realidad aumentada. Con chistera (esto hila con la magia), el cantante alude al vértigo que provoca la mentira continuada, apunta que perduran diferentes tipos de visionarios, perfectamente sensibles, como el Big Brother… Tras ello, presenta a sus compañeros de pupitre, como una banda de rock and roll.

Bono se desmaquilla

Mucho ruido, pero también muchas nueces

Volvemos al Atchung baby para atender, desde el escenario de la entrada, al Even better than the real thing. Todo aplausos, todo recuerdos. Y el cantante suelta, ante la magnitud de los aplausos, un “Madrid, les quiero”, que es muy bien recibido. A lo que agrega, con su español de Dublín, un “MacPhisto a su servicio”… Mefistóteles, para los colegas.

Mac Phisto

Tras aludir Bono al poder de la gente, criticar a Orban, Putin o a los ultras de Suecia, apunta que “tú tienes el poder de hacer lo que realmente (jodidamente, dice para ser exactos) tú quieras hacer” perduran los clásicos que permanecían olvidados. De ese modo, comienza a sonar Acrobat. Tras lo que se desmaquilla, y suelta un “España, realmente os aprecio. Os quiero”. 

Los artificios desde la pantalla, con esa realidad aumentada… asombrosos.

Mundo acústico

Prosigue el show con You’re the best thing about me, con desenchufado y el señor Mullen con la caja de percusión. Muchos aplausos, y aquí se hace evidente esa caracterización que os decía del batería de U2. El escenario en cuestión permite florituras y actúan como si estuviesen pisando la luna. Sobre cráteres manifiestos.

Concluye el tema, y Bono cita a Asturias, o a Cádiz, y diserta sobre el amor hacia los caminos que se van sucediendo, con un origen en aquellos complicados años 70 irlandeses. Suena Summer of love, sólo Bono y The Edge… (aquí, a simple vista no hay malos rollos, no tipo beatles). La columna vertebral al aparato… ¡Mentira! ¿Acaso los Beatles habrían sido lo que son sin Harrison y Starr? Pues no.

Patera siria

El líder de la banda toma un altavoz, mientras en pantalla se ven pateras, desplazados sirios… “Nadie es Madrid y todos somos Madrid”, espeta, tras sentenciar: “Vamos Madrid, vamos España, vamos Europa”. Mensaje de calado… Entre líneas, para quien quiera leer. ¡Que ya está bien! 

Y llega uno de los momentos de la noche: concierto a cuatro bandas. La colosal canción Pride (in the name of love), que formó parte del mítico The unforgettable fire, aquella singular grabación en un castillo, cuyo documental os recomiendo ver… Y que me regaló en su día la buena de Laurita Ballester 😉 De modo que, teníamos a The Edge a eso de 4 metros tocando su guitarra y haciendo los coros. ¡Qué artista!

Un momento simbólico como pocos en el show fue el despliegue de una bandera gigante de la Unión Europea. Más que una tela…

Perdura el mensaje emocional. Como también está presente en el vídeo de Get out of your own way, canción que vendría a renglón seguido. La mejor, sin duda, de su último LP. Y emerge en el escenario principal una enorme bandera europea. Santifica Bono a España. Estamos salvados.

Pulseritas de U2

Y ruge el New year’s day. The Edge al piano y la gloria se posa sobre las 15.000 almas que aplauden casi cada movimiento de la banda. A su lado, juega con el bajo el bueno de Adam Clayton. Finaliza la canción y comienza a sonar el himno de la alegría. Más aplausos.

Pero aún hay más…

Una treintena de luces fluorescentes -aunque seguramente de tecnología puntera- caen en vertical desde el techo. Arranca City of blinding lights, con cambio de bajo para Clayton incluido.

U2 Luces

Bono agradece al staff técnico su implicación. Parece que se van. Pero no. Hay sorpresa: tocan Spanish Eyes, aquella canción que fue la cara b de I’m still havent found what I’m looking for, en el Joshua Tree.

Fue la mayor sorpresa de un espectáculo que ya de por sí fue sorprendente.

Venga, por si te quedaste con la duda: no tocaron ni una sola de las canciones de ese trabajo, el que les confirmó como macroestrellas mundiales. El Joshua Tree se quedó en la estantería esta vez.

23:19 y cogen el camino al camerino.

Pero no, en un momento vuelven y retoman la sección consejos. En este caso para animar a las mujeres a estar unidas, organizadas y resistir en la búsqueda de la igualdad. Que llegará.

Al parecer -perdonad mi ignorancia, no me da la vida- la voz era de la chica que representó a España en Eurovisión, Amaia, y la imagen de otra integrante del elenco de los penúltimos triunfitos.

Mujeres uníos

De fondo, Women of the world, de Jim O’Rourke.

En ese plan agencia de comunicación, Bono apunta que “Madrid siempre es una buena idea”, a lo que agrega un “hasta siempre, gatos”.

Pero arrancan con One. Palabras mayores. Estamos ante una de las mejores canciones de los 90, sin duda, y por supuesto del grupo. Uno se emocionará pase el tiempo que pase con este tema. Un servidor, en aquellos tiempos de la Universidad que lejos quedan, se hizo una camiseta como pudo con la letra de esta canción… La de aventuras que pasamos. En lo personal esto es más que un simple sencillo inscrito en un disco.

Resuena Love is bigger than anything y el final ya sí es cercano. Ese último tema es 13 (There is a light), también de Songs of Experience, donde el cantante juega con una bombilla gigante, tal vez menos que en la gira de 2015.

El adiós

Suenan los Talking Heads y su This must be the place. Las luces siguen apagadas. Parece que aquello finaliza, o no… Sí finalizó.

Si nada se tuerce y la banda resiste (yo no las tengo todas conmigo) volveremos a estar como locos pulsando el F5 la próxima vez que surja la oportunidad de ver a estos ¿muchachos?

Como dijo Lina Morgan, sólo me queda decir: Gracias por venir. Fue lo primero que pensé a las 23,40, cuando acabó el concierto.

Os esperaremos con los brazos abiertos para la próxima.

PD. Gracias al influencer Roberto Sanz @soblechero por algunas de las imágenes. Gracias, Sonia, por ser el comodín de los conciertos, pero sobre todo el fijo en la quiniela.

Puntuación: 9,2/10

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