Análisis del disco más exitoso de The Prodigy, The fat of the land<span class="wtr-time-wrap block after-title"><span class="wtr-time-number">8</span> minutos de lectura</span>

Análisis del disco más exitoso de The Prodigy, The fat of the land8 minutos de lectura

En el día de la muerte de Keith Flint, desgranamos su álbum para la posteridad

Analizamos hoy The fat of the land, el mejor y más popular disco de The Prodigy.

Carátula de The fat of the land
Disco: The fat of the land
Autor: The Prodigy
Fecha de lanzamiento: 30 de junio de 1997
Grabación: Entre 1995 y 1997, en los Strongroom Studios (Londres) y Earthbound Studios (Essex)
Productor: Liam Howett
Duración: 56:23
Discográfica: XL Records

Últimamente, como si de un goteo constante se tratara, estamos perdiendo a grandes figuras de la cultura. Sí, porque aunque a algunos no les gustara, lo que este tipo y su banda hacían era aportar su granito de arena a eso: cultura.

Tal vez no supieses quién era Keith Flint, ni siquiera Liam Howlett (el alma de The Prodigy)… pero si no has escuchado The fat of the land, deberías hacerlo lo antes posible. Estás ante uno de los discos más potentes y trascendentales de los años 90. En todos los sentidos.

The fat land, big beats a escala masiva

La guitarra, los sampleados, sintetizadores, percusión ejecutada casi milimétricamente… Joyas como Firestarter que hicieron de la banda una de las más radiadas, y eso que su música y con ella sus vídeos -por aquel entonces- no era apta precisamente para lindos corderitos. Se dan la mano en ese disco tecno, big beat y electrónica en general.

Instrumentos aderezados con hip hop, o con extractos de batería del tema Lost Cause de Cosmic Psychos… Todo fruto de la ingeniería de Howlett, con la aquiescencia de sus compañeros de fatigas.

Imagen del interior de The fat of the land

Sonido más allá del grunge

Y es que, cuando Oasis sonaba con más fuerza que nadie, cuando los ecos del grunge seguían sonando en millones de hogares, unos británicos redescubrieron la música electrónica, y lanzaron este trabajo que es un compendio de sonido, fuerza y trascendencia, más allá de lo que cualquiera pudiera idear entonces. Estoy de acuerdo con una afirmación que hoy leía en internet: The fat of the land suena aún hoy moderno. Y lo hará dentro de 50 años. Como ocurre con los discos de la época final de The Beatles. Imperecederos.

Hasta ahora no nos hemos dado cuenta de la suerte que teníamos: en los 90 lo que sonaba a todas horas era grunge… hoy es reguetón

Hasta ahora no nos hemos dado cuenta de la suerte que teníamos: en los 90 lo que sonaba a todas horas era grunge… hoy es reguetón

Music and rock

El disco, cuyo título en español vendría a ser algo así como la grasa de la tierra, hace referencia a una cita del nazi Hermann Goering. Aunque la realidad es que el significado textual puede ser “vivir bien”.

De manera que aquel álbum, ya de serie, ya incitaba a la polémica. Algo que continuaría con la exaltación feminista que provocó Smack my bitch up. Era la época de la cruzada contra todo lo electrónico, porque también fueron a por Moby y Chumbawamba.

The Prodigy eclosiona a finales de los 80, y lanza su primer disco Experience, en 1992. Se va abriendo hueco -las radios británicas ya empiezan a tenerles en cuenta (recuerdo por aquí a los amigos de Radio 3 ya dándoles cancha)-, y su Music for the jilted generation (1994) les consolida.

https://youtu.be/6_PAHbqq-o4&w=320&h=240

Smack my bitch up, Breathe y Firestarter

Si bien, su trabajo universal, aquel por el que el grupo pasa a formar parte del imaginario general es este The fat of the land. Un álbum de diez temas, a cual mejor, pero del que se extrajeron tres sencillos, Smack my bitch up, Breathe y Firestarter (el orden de emisión no fue ese, por cierto), aunque, temas como Serial Thrilla o Mindfields, por poner un ejemplo, podrían haberlo sido también. El disco es uno de los más completos de ese decenio, además de ser un referente (comercial) de la música electrónica del momento. Un momento en el que, por cierto, convivían algunos de los grandes del género en la cima de su carrera. Hablo de Portishead, Chemical Brothers o Massive Attack, por poner ejemplos a mano.

https://youtu.be/f0Olyr9zRto&w=320&h=240

Grupos como éstos pusieron de moda las fiestas rave, que no siempre fueron algo negativo, depravado y degenerador para toda una generación.

The Prodigy es una agrupación de sonidos esculpidos por músicos muy variopintos. El grupo lanzó discos buenos, malos y otros que pasaron con más pena que gloria (la vida misma). La realidad es que la banda ha seguido trabajando, y en 2018 publicó su último LP, No tourists. Con él se encontraban girando, y, de hecho, había conciertos previstos en Estados Unidos.

En el día en que se han ido dos iconos de los años 90 (Luke Perry, quien hiciera de Brandon en Sensación de Vivir) y Keith Flint -uno más conocido que el otro-, parece haber sido cuasi profético el nombre elegido para el primer single del último disco de The Prodigy: We live forever. Vivimos para siempre.

Contraportada de The fat of the land

¿Qué éxito tuvieron Prodigy con The fat of the land?

Firestarter fue el sencillo más popular del disco, porque se hizo con el premio al mejor vídeo musical de la revista NME, y porque posteriormente sería versioneada por grupos como Sepultura o Kiss… sin embargo, como veíamos, no fue el único tema sublime del LP. Guarda similitudes, porque tomó referencias de él, con el sencillo S.O.S. de The Breeders, que tres años antes habían lanzado el soberbio Last Splash.

https://youtu.be/wmin5WkOuPw&w=320&h=240

El disco, que llegó al número 1 del Billboard en apenas unos días después de publicarse (el 19 de julio de 1997), es singular hasta desde la portada. De hecho, la banda ya había añadido el The en su denominación, sin embargo en este The fat of the land se suprime y aparece el nombre junto a una hormiga. Insecto que les acompañará hasta el final de los días.

La fotografía de portada, por cierto, es colosal… De esto saben los foteros.

El polémico vídeo de Smack my bitch up

Fue especialmente polémico el vídeo del tercer sencillo de álbum, Smack my bitch up, no apto para todos los públicos, y que trae sorpresa final. Fue obra de Jonas Akerland, y aún resuenan las quejas de muchas madres por la emisión de sus imágenes en horarios no aptos para cualquier sensibilidad.

Flint, por cierto, pone voz a cuatro de las canciones del disco. Un álbum que fue nominado a los Grammy, como mejor disco de música alternativa… pero perdió. Se impuso el OK Computer de Radiohead. ¡Leñe, entonces sí se hacía música!

Keith Flint

En todas las listas de éxitos

Era 1997, y también aquel año es nominado a los premios de la música Mercury.

Un año más tarde, los lectores de Q situaron a este trabajo -también influenciados por ese factor periodístico que es la proximidad (temporal)- como el noveno más importante de todos los tiempos.

En 2000 esa misma revista lo situó como el 47 disco británico (entre 100) mejor de la Historia.

The fat of the land aparece en casi todas las compilaciones serias de los mejores álbumes de los 90. Se cita detalladamente, además, en ese libro bueno, bonito y barato que es 1001 álbumes que debes escuchar antes de morir de Grijalbo.

Ah… y otra cosa: el disco fue número 1 en ¡23 países!

Bueno, si lo que buscabas era morbo, creo que no hemos aportado mucho. Sólo te daré una pincelada. Éste es el mensaje con el que sus compañeros de formación, en Instagram, confirmaban que el cantante y bailarín, se había quitado de enmedio. Una pena.

La confirmación del deceso, vía Instagram

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